Amalia Caputo, una de las artistas venezolanas más destacadas de Miami, ha tenido la valentía de interrogar con sus fotografías y videos no sólo los límites de la estética corporal en nuestra sociedad, sino la fragilidad de nuestras fronteras emocionales. La obra de esta artista nacida en 1964 y capaz de fotografiar en primer plano a una mujer con los ojos cerrados que literalmente tiene “un nido en la cabeza” forma parte en Venezuela de las colecciones privadas de la Galería de Arte Nacional, el Ateneo de Valencia, la Colección Fundación Banco Mercantil y el Museo Alejandro Otero. En Estados Unidos está en la colección permanente de Ella Fontanals Cisneros Collection, y en el Museum of Latin American Art, Molaa, Long Beach, California.
Caputo se graduó en historia del arte en Venezuela, e hizo un máster en la Universidad de Nueva York y en el prestigioso International Center of Photography. Una de sus series de fotografía, Tableaux, recrea a través de este medio, famosas escenas de la historia del arte. Pero ella se centra en la representación del cuerpo y al hacerlo revela cuánto ha cambiado a través de los siglos la manera de “leerlo”. Figuras como la María Magdalena de Tiziano que pudieron inspirar piedad, hoy son percibidas con una carga erótica.
Por otra parte, transgrede ciertos límites tácitos: en lugar de usar una mujer de modelo para representar la clásica pose de La maja desnuda de Goya, retrata a un hombre. El ejercicio nos revela qué poco acostumbrado está el ojo a los desnudos masculinos.
Esas preguntas sobre la relación entre la visión del cuerpo y la cultura, se desarrollan de otro modo en trabajos donde retrata partes o detalles corporales que desafían las nociones establecidas de lo bello y que no obstante corresponden a las huellas de la vida misma. Así, presenta primeros planos de un vientre agrietado por un embarazo, o senos que ya no son turgentes, y revela también a quien mira esas series hasta qué punto la mirada acepta como algo natural que sólo los cuerpos perfectos sean expuestos en público.
Esa visión que refleja una cultura empeñada en imágenes idealizadas y superficiales está también en las numerosas series donde utiliza la casa como centro de una reflexión no idealizada. En el video La casa de Hestia (diosa del corazón y del hogar) una mujer vestida de rosado arrastra en la playa una desvencijada casa de muñecas del mismo color. Hay escenas en las cuales se ve la casa –metáfora del imaginario femenino sobre el sueño del hogar- hundiéndose en el agua, y la mujer intentando jalonarla con cuerdas de amarre. También hay planos de un interior con paredes que se agrietan. Así, se atreve a explorar en su arte estados de crisis emocionales en las relaciones o en el mundo interior o familiar.
Otra serie de fotografías –La casa pesa- muestran la construcción con palos de una casa que evoca la típica representación esquemática. En el interior hay diversos juegos de siluetas blancas. En una foto la casa está deshabitada y hay un hombre que sale; en otra, una mujer se ve sola con sus pequeños hijos. La manera de representar el frágil equilibrio entre ausencias y presencias es sutil, pero no menos conmovedor.
Su fuerza está en que en lugar de hablar de situaciones perfectas, refleja los conflictos vitales y por eso cada fotografía de Amalia Caputo puede hablarle al espectador muy de cerca. Pero además, ella ha continuado un trabajo que inició en 2001 la artista chilena Eugenia Vargas –Talking Head Transmitters, THT- realizando programas experimentales en baja frecuencia radial (88.3 MHz FM) en los que hay cabida para hablar de arte, poesía y vida cotidiana. Una contribución más a esta comunidad del sur de la Florida que se enriquece con su presencia.
Adriana Herrera es CrÃtica de Arte, asesora a museos y publicaciones especializadas.